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Cicatriz (por Baldi Pineda)

Una cicatriz aparece cuando el tejido epitelial es desgarrado (no cortado). La restitución del tejido conectivo se efectúa mediante el crecimiento de fibroblastos jóvenes; entonces el espacio dejado por la herida es «tapado» con tejido fibrilar (con características similares al que forma los músculos), de ahí que la cicatriz tenga una textura distinta a la piel.

Así pues, una cicatriz es una alteración permanente de la apariencia dérmica consecutiva al daño y reparación colagenosa de ésta.

Teniendo en cuenta el concepto de cicatriz, analicemos:

Cuando estamos en el mundo encontramos de toda clase de cosas que conllevan al ser humano a una clase de realidad virtual que nos separa de Cristo, en la cual solamente desconectados de la misma nos podemos dar cuenta que solo es una ilusión….

Ahora cuando nuestro ser es desgarrado a causa de una herida que muchas de las veces, mejor me atrevo a decir que todas las veces son provocadas por nuestras acciones o pecados, estamos expuestos a que la misma se infecte con los contaminantes del ambiente (vida mundana) la cual nos lleva a un estado de putrefacción.

Romanos 3:23 dice: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Pero cuando llega Jesucristo a ser dueño y señor de nuestro corazón (hacemos una restitución del tejido conectivo) él mediante su maravillosa misericordia perdona nuestros pecados, nos renueva, nos limpia de toda impureza y el espacio que existía entre Dios y el hombre es tapado (con tejido fibrilar que hace que tenga una textura distinta a la piel) en este caso, el cambio que el señor Jesús le hizo a nuestra vida es notoria tanto para la familia como para el mundo.  ¡Y esto no es una ilusión!

Efesios 2:4 y 5 dice:

4. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

5. aún estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

Así que si el cambio que Dios hizo en tú vida es notario para el mundo, ¡alégrate!, que es la muestra que te da Dios que con su gran Amor te salvo de la vida oscura y vacía que llevabas y te dio una nueva razón de vivir.

Romanos 8: 38 y 39 dicen:

38. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39. ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Comparto contigo esta pequeña historia: Analízala

Un día caluroso de verano en el sur de la Florida. Un niño decidió nadar en la laguna detrás de su casa, salió corriendo por la puerta trasera, se tiro en el agua y nadaba muy feliz, no se había dado cuenta que un cocodrilo se le acercaba.

Su mamá desde la casa miraba por la ventana y vio con horror lo que sucedía y enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía, oyéndole el niño se alarmo y vino nadando hacia mamá pero ¡fue demasiado tarde!

Desde el muelle la mamá agarro al niño por sus brazos justo cuando el caimán agarraba sus piernitas, la mujer jalaba determinada con toda la fuerza de su corazón, el cocodrilo era más fuerte pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.

Un señor que escucho los gritos se apresuro al lugar con una pistola y mato al cocodrilo, el niño sobrevivió y aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.

Cuando salió del trauma, un periodista   le pregunto al niño si le gustaría enseñar las cicatrices de sus piernas, el niño levanto la colcha y se las mostro pero entonces con gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices de sus brazos le dijo:

¡Pero lo que usted debe ver son estas!

Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza, el niño exclamo: las tengo porque mi mamá nunca me soltó y me salvo la vida.

Reflexión:

Algunas cicatrices son causadas por nuestros pecados pero algunas son la huella que Dios nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal y recuerda que si te ha dolido una vez el alma es porque Dios te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas.

Gracias Dios por perdonar mis pecados, y por ser el señor de mi vida. Por estar siempre a mi lado en los tiempo alegres y los difíciles, por agarrarme fuerte para que no caiga. Por tu gran Amor es que aún estoy de pie. A ti sea toda la Gloria y la Honra por los siglos de los siglos, Amen.

Baldi Pineda

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